NUEVAS ORDENANZAS |
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El refrán dice que “dura poco la alegría en casa del pobre”, y como España es un país pobre de moral, reflejos, ideas y de espíritu nacional, pues las Ordenanzas de D. Juan Carlos I, salidas a la luz y desmochadas del sentido cristiano que primaba sobre las de su antecesor Carlos III, han tenido que ser modificadas, al parecer a toda prisa, para crear otro “libreto” que debería llevar el nombre de Ordenanzas de la Carmela I. Las del rey Carlos III salieron a la luz en 1768, y duraron hasta el año el 20 de diciembre de 1978, casi dos siglos, que no es mala marca. Más bien poco han regido las del señor de la Zarzuela, especie de Tancredo firma-decretos, que lo mismo rasga su firma para que no puedan ser futuros votantes centenares de miles de no-nacidos pasados por los mataderos de los matarifes; que lanza su emborronado trazo sobre el papelucho que condena a aquel, gracias al cual, hoy asienta sus cansadas posaderas en un sustancioso trono Pues este feliz señor también firmará, sin saber lo que firma, la ampliación de “sus reales ordenanzas”, escritas así, con minúscula porque se han quedado chiquitas. Y es que la Carmela de los smokings pascuales, no se puede decir que ha entrado en su Ministerio como un elefante en una cacharrería, que es más bien mocita menuda, pero sí como casi invisible termita dispuesta a corroer lo poco o mucho que de tradición y nobleza quedaba en el Ejército. |
lo que se ha hecho en realidad es envilecerlas con flecos coloristas de sectas o partidos que, a Dios gracias, son fungibles, pero que indudablemente si no se remedia, hará de los Ejércitos hojas al viento. La jerarquía, la disciplina, el honor, el valor, las tradiciones, los héroes… son elementos vitales para estimular al ejemplo permanente, capaz de alimentar el espíritu de unidad y el ascendiente entre compañeros y mandos, como únicos elementos capaces de preparar al militar para tomar decisiones en fracciones mínimas de tiempo y en situaciones de gran tensión en el combate. Descender a detalles sobre la actuación individual ante la población civil, los prisioneros, los actos contra la humanidad, etc, es despreciar al militar que parece que hasta ahora no había tenido norma alguna que le obligara a ser un combatiente digno y civilizado. Podíamos nosotros proponer unas nuevas Ordenanzas para los señores Diputados en las que se les dijera que han de pagar las consumiciones del bar, que no se pueden orinar en los pasillos, ni dar collejas al del partido contrario dentro del hemiciclo. La verdad es que estamos hartos de estos legisladores a la violeta, incapaces de dar una norma clara sobre la libertad de expresión del militar al que se le aplasta para convertirlo en un cegato sordomudo, pero que cercan a los profesionales en activo con dogales cada vez más apretados Como nosotros, los de EL IMPLACABLE nos declaramos enemigos del sistema, esto que se escribe es un simple comentario, no una queja, porque al igual que la Ley de Memoria Histórica, la de la Ciudadanía de marras, la del aborto o la de las bodas de maricas y maricos y otras del mismo jaez, las rechazamos por miserables. Amén. J. Flores |