UN CERROJAZO “DEMOCRÁTICO”

La semántica, o para entendernos mejor, la terminología del chau-chau político, es un arma a veces infalible de la propaganda, en esa pelea a mordiscos para implantar las propias ideologías, sólo presuntas (las ideologías…). De ahí el que términos como “progresismo”, “libertad”, “democracia”, “paz”…, sean detentados por los que son menos progresistas, menos liberales, menos demócratas y, por supuesto, muy poco pacíficos. Por otro lado, y según esos criterios, los “conservadores” caen de lleno en el “fascismo”, lo “ultra”, el “integrismo” o como ahora han descubierto, en lo “casposo”.
Escapar de esta imposición es muy fácil, aunque pocos se atreven. Nosotros declaramos, a quien nos quiera oír, que somos reaccionarios porque reaccionamos contra la estupidez, somos integristas, porque nos consideramos católicos con fe de carbonero y facciosos porque combatimos al sistema casi en zonas guerrilleras.
        Volviendo al tema que nos ocupa, recordemos que en nombre de la libertad se han cometido crímenes horrendos, y que la palabra “democracia” se ha puesto con frecuencia en el frontispicio del más siniestro gulag. Pero no hace falta entrar en la parte más siniestra de la intolerancia para descubrir que no hay nuevo bajo el sol de la propaganda, y que en países presuntamente democráticos, libres y pacíficos, como el que al parecer disfrutamos (sólo presuntamente), la más brutal presión o represión para sectores de la llamada ciudadanía puede ser tan eficaz y brutal como en sistemas antidemocráticos  por definición. Podríamos denominarla “represión con guante de seda”.
        La eliminación del Museo Militar de Montjuich entra dentro de la más exquisita manipulación “democrática”, porque está dentro de la ley que, cuando se manipula en un sistema en el que Montesquieu huele a cadaverina, toda bellaquería sectaria desde el poder, es posible.
        Se habla del respeto a las minorías, que más bien se parece a un chiste de Groucho Marx, porque al igual que aquello que escribían los cerdos de la granja, hay minorías, pero menos minorías unas que otras. El sistema “democrático” permite que una minoría antimilitar y antiespañola dicte la orden de eliminación física de dicho museo, sin que otra minoría, indudablemente más numerosa y con un sentido de España y de la Cultura que los otros ignoran, pueda hacer nada para evitar el desafuero convertido en una indudable felonía anticultural legal.
        Quienes se hubieran podido oponer al desafuero, han guardado prudente silencio ya que, para seguir respirando en la charca “democrática”, la boca cerrada es la actitud más prudente y sana. No nos referimos sólo a DEFENSA, curioso organismo que lo defiende todo menos a los militares, sino a esos “Mandos” y a esas entidades o asociaciones cuya permanencia o existencia depende, “democráticamente”, de su prudente silencio. Pero es que estos “Mandos” han de cooperar, nos imaginamos que con lágrimas en los ojos, a la destrucción de nuestro Patrimonio Histórico por culpa de que, gracias a unas democráticas elecciones, una secta política se encarama al poder y actúa como si España fuera su predio, ignorando o despreciando a todos los demás, salvo por una necesidad imperiosa de encamarse con la suripanta sectaria del m momento por aquello tan tonto de conservar el poder. Lo que viene a demostrar que aquello que decía José Antonio de la “unidad de destino”, en el actual y presunto sistema democrático español, es pura arqueología.
        En el calvario que han obligado a recorrer al Museo Militar de Montuich, hay de todo y de todos, desde el canto del gallo hasta la figura de Judas. A raíz de la muerte del Generalísimo Franco, la cobardía y la traición salieron de sus ergástulos, y con el brillo cegador de aquello que se llamó “Transición modélica”, la maniobra de termita talibán se puso en marcha hasta llegar a los tiempos actuales en los que, no fusilarán la Cruz del Valle de los Cabidos, quizá por su alto coste en tiempos de crisis, ya que mucho “progre” ha soltado la gracia rencorosa de  que ”hay que demolerlo”, con cerrarlo, como si se tratara de un Museo como el Militar de Montjuich, el efecto será el mismo. Pero no perdamos de vista que todo se hace dentro de la más estricta doctrina “democrática, liberal, social y progresista”.
        Y es que hemos llegado a un punto en el que si en este ambiente político en el que se encuentra flotando España, alguien nos dice: “es que yo soy demócrata”, habrá que pensar en ir abriendo las ventanas, no para tirarnos por ella a la calle, que tampoco hay que exagerar, sino para hacer el ambiente más respirable. Y es que esta “democracia a la carta” nos desagrada porque los productos del menú están pasados de fecha y huelen a cadaverina.

CRONOLOGÍA DE UN ASESINATO

Con motivo de la Exposición Universal de Barcelona, en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, se urbanizaba la montaña de Montjuich, convirtiéndola en un excepcional parque en el que también se construía el primer Estadio Olímipico de España que, con los años, aun serviría para la Olimpiada de 1992. Hoy se da al Estadio el nombre, no del general Primo de Rivera, sino la del “conocido deportista” que responde al nombre de “Lluis Companys”.     
        Treinta y tres años después, el Generalísimo Franco entregaba a la ciudad de Barcelona el Museo y el Castillo de Montjuich. El Castillo ha sido despojado de su personalidad militar para convertirlo en un bodrio de difícil calificación, mientras que el Museo ha sido asesinado después de un largo martirio en el que poco a poco le han ido despojando de monumentos, armas, salas, cuadros y biblioteca hasta que el verdugo, mejor decir los verdugos, han dado el definitivo hachazo final
    A lo largo de los años, sería el Ejército el que llevaría principalmente las riendas de este Patronato, aunque éste tenía dos “cabezas”: Capitanía y Ayuntamiento, aunque sería la primera cabeza quien más contribuiría a su mantenimiento, siempre con la tacañería tradicional. A partir de los años 80 la inhibición del Ayuntamiento en el sostenimiento económico del Museo fue casi absoluto.
     Poco a poco, ya a lo largo de sus cuarenta y cinco años de vida, el museo abrió nuevas salas, se hicieron exposiciones monotemáticas, se daban conferencias en el “Aula General Prim”… pero también se empezaron a notar síntomas de los nuevos tiempos. Lo poco que había sobre la guerra civil desaparecía de la vista de los visitantes. La estatua del Generalísimo Franco situada en el centro de la Plaza de Armas, obra del escultor catalán José Viladomat, fue desmontada y almacenada. Cuando era director el coronel Montesino, rescató la estatua, la restauró y la instaló en una sala de la planta inferior, hasta que, por orden superior, su sucesor la eliminó para que regresara al  almacén. El monolito que recordaba la entrega por Francisco Franco del Castillo a Barcelona ha sido finalmente demolido. Y, no lo olvidemos, todo se ha realizado cuando el Ejército era el principal y casi único responsable del Castillo y del Museo. DEFENSA ejercía de obediente segundo verdugo.  
Durante el período en el que fuera director del Castillo y del Museo el coronel Montesino, cada año recibía más 100.000 visitantes. Fue el “canto del cisne” de un museo excepcional. porque durante su dirección, el Castillo y el Museo fueron foco de cultura, que es palabra que utilizamos en su verdadero sentido y no en el bastardo habitual en estos tiempos.     
Las presiones que las fuerzas políticas y la prensa catalana, influyeron en el acobardado “Mando” que, poco a poco, fue cediendo terreno. Inmediatamente después de la irrevocable decisión del coronel Montesino de renunciar a la gerencia y dirección del Castillo y del Museo, fueron retirados de las salas los retratos del General Primo de Rivera, y los del Generalísimo Franco. El Teniente General del momento, siguiendo la apaciguadora y errónea política de ceder en algo para conservar lo demás, ordenó la increíble retirada de estos cuadros.
Cuando por fin salió en el BOE, sección Hacienda (Resolución  9155 de fecha 4 de mayo de 2007, D.O. nº 107) el decreto de trasformación del castillo en Centro para la Paz, se daba un plazo de tres años para realizar esa operación. Teóricamente ya no existe el Patronato sino un Consorcio formado por Defensa, Generalidad y Ayuntamiento, pero ¡oh sorpresa! resulta que el Patronato todavía no ha sido disuelto, así que para unas cosas convenía agarrarse a las normas del Consorcio y en otras, tirar de las del moribundo Patronato.
Todo se hizo siguiendo el programa de los verdugos. Un día es violado legalmente el recinto conocido como “Foso de Santa Elena”, donde fueron fusilados Goded y sus compañeros. Las piquetas y los martillos militares destrozan obedientemente escudos y símbolos. También desaparecen todos los cañones de la entrada y del Patio de Armas cuyo destino es un secreto casi de Estado, ya que nadie sabe o quiere decirnos dónde están. Se cierran todas las salas del nivel de la Plaza de Armas, y en su lugar podrán verse unas grandes fotografía de Ferrer Guardia, aquel triste esperpento de la “Semana Trágica”. Este personaje tiene un monumento instalado detrás del Palacio Nacional Montjuich que hubiera dado envidia a los nazis del Estadio de Nuremberg. La Biblioteca, la magnífica Biblioteca, ya había sido enviada algunos años antes al acuartelamiento del Bruch, lejos ya de su ambiente noble de valiosos muebles y estanterías.
Hay un absurdo, pero astuto empeño, en mostrar el espíritu pacífico y pacifista de los catalanes, de ahí este bodrio del “Espacio para la Paz” en que van a convertir al Castillo. Y después de unas tristes ceremonias, de las que mejor es que corramos un tupido velo, se ha echado el cerrojo a cerca de medio siglo de Historia. Ya no hay Museo Militar y prácticamente ya no hay Castillo, sino ese recinto “pacífico” donde las huestes de Hereu, de Carod_Rovira y de Montilla puedan meter sus generosas subvenciones, las que le negaron cuando era un recinto noble. Es indudable que serán desmontados los cañones de Costa del 15,24 que hay en la explanada del castillo, cara al mar, que formaron parte de la Batería L-1 del Regimiento de Costa nº 7.
El desinterés, cuando no el desprecio, que se muestra en DEFENSA por todo lo que ha sido el patrimonio histórico del Ejército, seguirá su implacable programa destructor, ante la aceptación sumisa del “Mando”.
Y ahora viene la inevitable pregunta: ¿y qué va a ser del Museo y de sus fondos? Porque lo que vaya a ser del Castillo nos trae al fresco, una vez que se ha entregado sin dignidad ni honor, pero ¿qué va a pasar con los fondos del Museo? 
Los fondos del Museo procedían de diferentes donantes: Parque y Maestranza de Artillería, Museo del Ejército de Madrid, Fundación “Federico Marés”, señor Llovera, familia de Cusachs, señores de Quintana, José Poma, Roquet, etc…, pero también de familiares de militares, algunos de ellos habían sido Capitanes Generales, de Laureados o de generosos donantes que cedieron objetos, uniformes, medallas y documentos que completaban la excepcional muestra del Museo. Lógicamente, muchos de ellos han empezado a reclamar lo que es suyo y que, al no exponerse en el Museo Militar del Castillo de Montjuich, tiene que  ser devuelto a sus propietarios.
Ya han desaparecido algunos fondos, como los dibujos de Cusachs que al parecer han sido llevados a Capitanía; o la Cruz y candelabros de la capilla, que han desaparecido, posiblemente llevados a lugar más digno que el de una capilla violada, que en cierta ocasión sirvió de vestuario a los titiriteros y comediantes que organizaban una de sus actuaciones patrocinadas por los catalanistas. Triste fin de un lugar sacro.
Cuando se liquidó Rumasa, en aquel río revuelto desaparecieron, repartidos entre amiguetes, muchas riquezas acumuladas durante años. Es indudable que una parte nada despreciable de los fondos del Museo y del Castillo “desaparecerán en el tumulto”, no sólo aquellos que tuvieran relación con el odiado “franquismo”.
Lo que produce una terrible sensación de impotencia es ver cómo a lo largo de los años, pese a que las señales de desaparición del Museo eran evidentes, pese a los esfuerzos de muchos particulares para conmover a ese disciplinado “Mando” en Cataluña para que defendiera con dignidad un excepcional Patrimonio; pese a los vanos intentos de despertar en otras asociaciones de España un mínimo interés por lo que estaba ocurriendo en el Castillo y Museo de Montjuich, interés o curiosidad que jamás mostraron, como si lo que pasara en ese rincón de España no les afectara; pese a los inútiles esfuerzos para que en publicaciones militares oficiales se hicieran eco de lo que se avecinaba (el silencio de estas bien subvencionadas publicaciones roza la vileza)…, pese a todos esos esfuerzos, el Castillo ha sido ocupado por un enemigo que carecía de enemigos, y uno de los mejores Museo Militares de España ha sido cerrado y eliminado sin dignidad y sin honor.
Así, como suena. 

Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado