“MEUBLÉS” REGLAMENTARIOS EN EL EJÉRCITO

En otros tiempos existían las denominadas “casas de putas”, donde las prostitutas estaban más o menos controladas policial y sanitariamente. Con el tiempo, las normas de la ONU cambiaron el panorama urbano sacando a las suripantas y coimas, así como a sus proxenetas vigilantes, a la calle. Algunas calles se hicieron célebres por las paseantas que, con todo, ejercían en aquellos tiempos sus ofertas de forma más o menos discreta. Esta discreción ha desaparecido con el progreso democrático.
         Pero había algo que estaba sin resolver y era la situación de una pareja que tenía ganas de encamarse, teniendo en cuenta de que hablamos de gentes no profesionales de la prostitución. Estaban los hoteles, que no eran lugares discretos, o la casa de algún amigo soltero que quisiera dejar su “picadero”, una joya en estas circunstancias. Pero fueron, lógicamente los catalanes, los que solucionaron el problema con esa perspicacia que Dios les ha concedido: inventaron el “meublé”.
         Era toda una institución. En lugares no céntricos, pero tampoco en el extrarradio, en edificios de planta hasta noble, se instalaron estos “mueblés”. La pareja entraba en su propio coche en este edificio, y de forma más que discreta, era recibido por un empleado, y sin que se pudiera cruzar con nadie, accedía a la amplia y bien amueblada habitación. Con la misma discreción, acabado el “combate”, salían, pagaban y se marchaban sin que nadie, salvo el empleado, los hubiera visto.  El “meublé” cobraba bien por estos servicios discretos y casi lujosos, lo que limitaba su uso sólo a personas más o menos pudientes. El resto, que se las apañara como siempre se ha hecho desde que el mundo es mundo, es decir, como pueda..
         En el Ejército, cuya modernización en esta “democracia” es evidente, se ha solucionado hoy definitivamente este problema entre sus componentes. Tienen unas ventajas que no sabemos si se extenderán también a los retirados o quedará exclusivamente para el personal en activo. Aunque la legislación sobre las residencias Militares es nueva, tiene sus antecedentes.
         Cuando Rajoy era Ministro de Interior en uno de los gobiernos de Aznar, ante las quejas de una pareja de suboficiales maricones de la Guardia Civil (¿por qué hemos de decir gays si significa lo mismo?), cambió el reglamento para que los protestones pudieran alquilar una habitación como si fueran un matrimonio “de los de antes”. Aquellos polvos… Hoy leemos que en las Residencias Militares ya no es necesario estar casado, ni siquiera arrejuntado, con pedir habitación para él, la novia, el novio o espécimen intermedio, basta. Nadie se la puede negar.
Y luego se quejan de la Chacón que ha conseguido que, en vez de tener que alojarse en un caro y poco discreto hotel, en vez de irse a un pajar que es sucio caluroso o frío, en vez de tener que pedir ayuda a un soltero con “picadero”, favor que siempre hay que pagar de alguna forma, la pareja caliente se va al ”Meublé Militar”, antes Residencia, y por menos de 70 euros diarios, tienen cama, desayuno y comida o cena.
Y todo, gracias a que el Ministerio de Defensa, ha emitido una orden para que se relajen estos requisitos y se adapten a «las nuevas circunstancias socioculturales, en permanente cambio».  De todo esto nos ha informado convenientemente la prensa, entre otros, para mayor difusión entre los viandantes, el periódico gratuito "20 Minutos".   
Nadie en Defensa ha salido al paso de esta indudable ventaja, cada “mando” ha mirado para otro lado, quizás alguno pensando en las ventajas que podrían ser personales. Lo cierto es que el descenso al pozo de indignidad del Ejército sigue imparable.

Blas de Lezo